La Carne Ionizada: Mi Anatomía como Ánodo de la Norma

Hay algo que nunca consigo explicar del todo.

No es el dolor.

Tampoco es el miedo.

Ni siquiera es el placer.

Es la forma en que ciertas experiencias permanecen mucho después de haber terminado.

A veces pienso en ello cuando debería estar pensando en cualquier otra cosa.

Y siempre vuelve de la misma manera.

Como una corriente que no desaparece del todo.

Como si una parte de mí siguiera conectada a algo que ya no está ocurriendo.

Si soy sincero, no me gusta esa sensación.

Nunca me ha gustado.

Me gustaría poder clasificarla.

Entenderla.

Reducirla a una explicación sencilla.

Pero no puedo.

Porque cuanto más la observo, más compleja parece volverse.

Quizá por eso termino regresando a Sade.

No al personaje escandaloso.

No al símbolo.

Al observador obsesivo.

A alguien que parecía incapaz de abandonar una pregunta una vez que esta encontraba un lugar dentro de él.

Y yo tengo una pregunta parecida.

¿Por qué ciertas experiencias parecen hacerse más fuertes cuando han terminado?

¿Por qué siguen creciendo cuando ya no están presentes?

Hay momentos en los que siento que algo continúa moviéndose dentro de mí.

No físicamente.

De una forma más difícil de describir.

Como si mi atención hubiera quedado atrapada en algún punto concreto.

Como si una parte de mi mente siguiera intentando comprender algo que ocurrió hace mucho tiempo.

Y cuanto más intento resolverlo, más difícil resulta apartarme.

A veces incluso me enfada.

Porque no parece lógico.

No parece razonable.

Sin embargo continúa ahí.

Persistente.

Silencioso.

Esperando.

Y entonces aparece otra contradicción.

Porque junto a la incomodidad también aparece algo más.

Algo que no esperaba encontrar.

Una forma extraña de placer.

No un placer simple.

Ni un placer limpio.

Más bien la sensación de acercarme a una respuesta.

Como si estuviera caminando alrededor de una puerta cerrada.

Como si supiera que hay algo detrás.

Y no pudiera dejar de intentar descubrir qué es.

Quizá por eso sigo regresando.

No porque tenga claro lo que busco.

Sino porque todavía no lo sé.

Porque la pregunta sigue abierta.

Y porque algunas preguntas parecen adquirir más fuerza cuanto más tiempo permanecen sin respuesta.

Tal vez esa sea la verdadera corriente.

No la que atraviesa el cuerpo.

La que atraviesa el pensamiento.

Y nunca termina de marcharse.

El cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…