Sade y la Mecánica del Grito: Cuando el Sonido se Vuelve Registro Biológico

El espejo no refleja la habitación. La selecciona.

No devuelve una imagen: devuelve una versión.

Y hoy la versión del espejo no coincide con la del aire.

La grieta ya no está en la esquina.

Está en la superficie del reflejo.

Pero en la pared sigue en su sitio original.

Dos ubicaciones simultáneas.

Sin transición entre ellas.

Como si el movimiento no existiera, solo el cambio de archivo.

Noto una presión leve en la sien derecha.

No es dolor.

Es actualización.

Como si algo estuviera corrigiendo el punto desde el que recuerdo la habitación.

Intento girar la cabeza hacia la grieta.

El cuerpo responde tarde.

No por rigidez.

Por desincronización.

Cuando llego a verla, ya ha cambiado.

No se ha movido hacia otro sitio.

Ha cambiado de soporte.

Ahora está en el borde del lavabo.

El lavabo, sin embargo, no la contiene.

La rechaza.

En su superficie no aparece.

Pero el espejo la mantiene.

Dos versiones incompatibles del mismo elemento.

Y ninguna se anula.

En la mesa hay polvo nuevo.

No recuerdo haberlo tocado.

El polvo tiene forma de línea.

Como si alguien hubiera escrito arrastrando un dedo… pero no sobre el polvo, sino bajo él.

Intento leerlo.

No está completo.

Solo aparece una parte:

“Tú no recuerdas en qué versión estás.”

Levanto la vista.

El espejo muestra la misma frase.

Pero con otra continuidad.

No como texto.

Como si ya hubiera sido leída antes de ser escrita.

Me acerco.

El reflejo no se acerca conmigo.

Permanece un paso atrás.

No es retraso.

Es divergencia.

La habitación ya no está cambiando.

Está dividiéndose en registros que no se comunican entre sí.

Y entonces ocurre lo mínimo.

El objeto más simple.

La nota sobre la mesa.

Parpadea.

No cambia de forma.

Cambia de estado.

Abierta.

Cerrada.

Abierta.

Cerrada.

Sin alternancia.

Sin ritmo.

Sin orden.

Como si dos historias estuvieran intentando ocupar el mismo papel al mismo tiempo.

Y yo sigo siendo el único elemento que recuerda ambas versiones como continuas.

Pero empiezo a dudar de algo más básico:

no de lo que ocurrió,

sino de si “ocurrió” es una palabra estable aquí.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…