Hoy he vuelto a leer sobre ello.
No debería haberlo hecho.
Lo sé porque lo apunté ayer en una nota que borré después.
El artículo decía algo simple: cómo se siente llevarlo por primera vez.
Y aun así lo leí tres veces.
Había una foto. Un objeto normal.
Un collar metálico barato, de esos que parecen casi decorativos.
Lo amplié sin querer. Luego otra vez.
No recuerdo haber hecho zoom la primera vez.
Pero la imagen ya estaba ampliada cuando volví a mirar.
Eso es lo que me inquieta.
No el collar.
Sino el hecho de que mi mano ya sabía qué hacer.
He comprobado el historial.
Dos veces.
La segunda comprobación es la que me da vergüenza.
Porque ya no era curiosidad.
Era otra cosa.
Y cuanto más leo, más noto algo peor:
no estoy entendiendo menos… estoy necesitando confirmar más.
Hoy he visto un vídeo corto.
No he llegado al final.
He vuelto al inicio sin darme cuenta.
Y esta vez hay una prueba clara:
el contador del vídeo no coincide con lo que recuerdo.
Dura menos de lo que “sentí”.
No sé cómo explicar eso sin sonar ridículo.
He cerrado la pestaña.
La he abierto otra vez.
Como si la prueba necesitara repetirse para ser real.
Y ahora hay algo que no me gusta admitir:
la curiosidad no ha bajado.
solo ha aprendido a esperar.
El cuello no lo estoy moviendo debería…