Hoy he leído algo que me ha dado vergüenza guardar.
No porque fuera especialmente duro.
Ni siquiera porque fuera explícito.
Era una descripción de dolor.
Nada más.
Y aun así la he guardado.
No sé por qué.
Bueno.
Eso es mentira.
Creo que sí lo sé.
Lo que no sé es cómo admitirlo.
Al principio pensé que estaba intentando entender.
Eso hago siempre.
Leo cosas.
Investigo.
Analizo.
Las convierto en algo intelectual para no tener que preguntarme por qué me interesan.
Pero esta vez no funcionó.
Porque seguí pensando en ello después.
Horas después.
Mientras trabajaba.
Mientras cenaba.
Mientras me cepillaba los dientes.
No pensaba en el dolor.
Pensaba en mi reacción.
Eso es lo que me preocupa.
He notado que cada vez que encuentro un relato donde alguien describe una marca, una disciplina o una prueba física, me detengo más tiempo del necesario.
Lo releo.
A veces varias veces.
Como si hubiera algo escondido.
Como si me hubiera perdido una frase.
Pero nunca busco la frase.
Busco la sensación que me dejó la primera vez.
Y nunca la encuentro exactamente igual.
Esta noche he abierto una página que ya había leído.
Lo sé porque recordaba algunas líneas.
Lo extraño es que también recordaba dónde había sentido el nudo en el estómago.
La primera vez apareció aquí.
La segunda vez apareció antes.
Eso me ha inquietado.
Porque significa que ya lo estaba esperando.
Y si lo estaba esperando…
¿qué dice eso de mí?
Sigo diciéndome que solo es curiosidad.
Que hay una diferencia enorme entre leer algo y querer vivirlo.
Y seguramente la hay.
Pero cada vez me cuesta más separar ambas cosas.
No porque quiera hacer nada.
Todavía no.
Porque empiezo a preguntarme por qué ciertas ideas permanecen.
Por qué vuelven.
Por qué ocupan espacio.
Hay algo especialmente incómodo en reconocer que una parte de mí quiere seguir mirando.
No porque disfrute del dolor.
Ni siquiera sé si lo haría.
Lo incómodo es descubrir que me interesa entender por qué alguien lo aceptaría.
Y después descubrir que me interesa entenderlo demasiado.
He cerrado varias pestañas esta noche.
Las he cerrado de verdad.
Con la intención sincera de dejarlo.
Cinco minutos después estaba pensando en una frase concreta.
Una sola frase.
No recuerdo el texto completo.
Solo recuerdo cómo me hizo sentir.
Y eso me parece peor.
Porque significa que no estoy acumulando información.
Estoy acumulando algo más.
Algo que todavía no sé nombrar.
Debería dormir.
Debería dejar de leer estas cosas durante unos días.
Debería pensar en cualquier otra cosa.
Pero sigo mirando el historial.
No para abrir nada.
Solo para comprobar.
No sé exactamente qué.
Y creo que eso es lo que más vergüenza me da.
Que empiezo a sospechar que la curiosidad ya no es la razón por la que sigo volviendo.
Solo la excusa.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…