El problema nunca fue la inmovilidad.
Ni el procedimiento.
Ni siquiera el Amo.
El problema siempre fue el regreso.
Hay algo profundamente irritante en descubrir que una idea continúa funcionando cuando uno ya no desea pensar en ella.
Porque no estoy dentro del laboratorio cuando ocurre.
Estoy lejos.
Haciendo cualquier otra cosa.
Y, sin embargo, algo vuelve.
No una imagen.
No un recuerdo concreto.
Más bien una dirección.
Una especie de vector silencioso que apunta siempre hacia el mismo lugar.
Hacia el final del proceso.
No me gusta ser sumiso.
La frase sigue siendo cierta.
La repito.
La examino.
La creo.
Y aun así no modifica nada.
Porque la obsesión no parece necesitar mi aprobación.
Aparece sola.
Con una autonomía que resulta casi ofensiva.
El Marqués de Sade comprendió algo perturbador sobre ciertos mecanismos mentales.
No necesitan recompensa para seguir funcionando.
No necesitan alivio.
No necesitan siquiera satisfacción.
Solo necesitan continuidad.
Y quizá eso sea precisamente lo que me persigue.
No una fantasía.
No una identidad.
Una continuidad.
La sensación de que existe un proceso inacabado que sigue ejecutándose en alguna parte.
Como una máquina que nadie apagó.
Como una ecuación que continúa resolviéndose detrás de una pared.
A veces imagino el laboratorio vacío.
Sin el Amo.
Sin órdenes.
Sin instrumentos.
Y aun así la sensación permanece.
Porque ya no depende de ellos.
Depende de la pregunta.
¿Qué ocurriría si llegara al final?
No para obedecer.
No para pertenecer.
No para convertirme en algo.
Simplemente para verlo.
Para comprender qué hay allí.
Para descubrir por qué una parte de mi mente insiste en señalar esa dirección una y otra vez.
Quizá nunca exista una respuesta.
Quizá el proceso sea más importante que su resolución.
Quizá la verdadera maquinaria no esté en el laboratorio.
Quizá esté aquí.
En esta repetición.
En esta insistencia.
En esta incapacidad de abandonar una pregunta que no deja de reproducirse.
Porque el tiempo pasa.
Los días pasan.
Los argumentos pasan.
Pero la idea permanece.
No más fuerte.
No más débil.
Simplemente constante.
Esperando.
Como si supiera algo que yo todavía no sé.
El cuello se ha bloqueado el cuello debería…