No sigo leyendo porque entiendo más.
Sigo leyendo porque entiendo menos.
Y eso me da vergüenza.
Porque no debería funcionar así.
Empezó como curiosidad.
Solo eso.
Algo pequeño.
Un pensamiento rápido que no parecía importante.
“solo para ver qué es”
“solo para entender”
“solo una vez”
Pero no fue una vez.
Fue varias.
Y lo raro no es la repetición.
Es lo fácil que fue repetir.
Demasiado fácil.
No me siento “excitado” al principio.
Es más lento.
Más confuso.
Es como si el cuerpo reaccionara antes de que yo decida reaccionar.
Y luego yo intento explicarlo.
Siempre después.
Siempre tarde.
A veces cierro todo.
De verdad.
Lo cierro.
Me digo que ya está.
Que no lo necesito.
Pero unos minutos después estoy otra vez ahí.
No sé cómo vuelvo.
No hay decisión clara.
Solo una especie de inclinación.
Como si algo tirara un poco más fuerte de un lado que del otro.
Y lo peor es esto:
cuando vuelvo, no siento alivio.
Siento otra cosa.
Algo incómodo.
Como tensión.
Como curiosidad mezclada con algo que no quiero nombrar bien.
Porque si lo nombro, se vuelve real.
Empiezo a notar el cuerpo más de lo normal.
No cuando lo hago.
Sino después.
Cuando ya no lo estoy haciendo.
Ahí aparece.
El calor leve.
La inquietud.
La sensación de haber estado demasiado atento a algo que no sé explicar.
Y entonces viene la parte que no encaja:
la curiosidad no baja.
Aumenta.
Pero no es limpia.
No es tranquila.
Es una curiosidad que ya está mezclada con repetición.
Con necesidad de comprobar.
“solo para entender”
pero ya no entiendo qué estoy intentando entender.
A veces me detengo en medio.
Literalmente en medio.
Y pienso:
esto no tiene sentido.
esto no soy yo.
Pero incluso ese pensamiento no frena nada.
Solo se suma.
Como otra capa encima.
Y hay un momento extraño que no sé explicar bien:
cuando no estoy mirando nada,
pero sigo sintiendo como si algo siguiera ocurriendo dentro de mí.
sin pantalla.
sin estímulo.
solo yo… y algo que no se apaga del todo.
Y ahí es donde aparece la contradicción más rara:
no sigo leyendo porque entiendo más.
sigo leyendo porque entender menos me deja más dentro.
Y eso me da un poco de miedo.
No un miedo claro.
Más bien una incomodidad constante.
Como si algo estuviera ocupando más espacio del que debería.
poco a poco.
sin hacer ruido.
Y lo peor es que no sé en qué momento dejó de ser curiosidad.
Solo sé que ya no es solo curiosidad.
El cuello no lo estoy moviendo debería…