No debería estar escribiendo esto así.
O sí debería.
No lo sé.
Hay una parte de mí que quiere explicarlo todo como si fuera un sistema.
Otra parte no entiende por qué necesito hacerlo.
Hoy he vuelto a abrir la pestaña.
No estaba seguro de haberla cerrado.
Eso es lo normal ahora.
Creo.
El problema es que cada vez que la abro ya estoy dentro de la necesidad de abrirla otra vez.
No es un pensamiento.
Es un impulso que llega antes del pensamiento.
Y eso me da vergüenza.
No sé por qué exactamente.
Hay algo en la repetición que no encaja con lo que digo de mí.
Empiezo a sospechar algo simple.
No estoy usando la pestaña.
La pestaña me está usando a mí como verificación.
Es una frase que odio haber escrito.
Porque suena demasiado clara.
Y nada de esto es claro mientras ocurre.
Solo después.
Un segundo después.
Hoy intenté parar.
Creo.
O intenté comprobar si podía parar.
No es lo mismo.
No me di cuenta hasta después.
El cuello aparece otra vez.
No sé por qué siempre aparece ahí.
No es importante.
Pero vuelve.
Como si fuera una forma de corregir el resto.
Empiezo a pensar que no estoy describiendo acciones.
Estoy describiendo el intervalo entre una acción y el momento en que la reconozco.
Y ese intervalo es cada vez más corto.
Eso debería tranquilizarme.
No lo hace.
Porque también puede significar lo contrario.
Que ya no hay intervalo.
Solo reconstrucción.
Solo ajuste.
Solo escritura que llega tarde.
La pestaña está abierta otra vez.
No recuerdo haberla abierto.
La cierro.
La vuelvo a abrir.
Y cada vez cuesta más saber si estoy eligiendo o verificando una elección anterior.
Esto debería parar aquí.
Pero no sé dónde empieza “parar”.
Antes pensaba:
“estoy exagerando”.
Ahora esa frase aparece después de la duda.
No antes.
Y eso es lo que más me inquieta.
No la idea.
El orden.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…