Convertirse en el punto de contacto de este laboratorio no es una elección clara, sino una repetición mental que vuelve incluso cuando intento negarla: no me gusta la idea de ser sumiso, pero mi mente insiste en regresar al proceso del Operador como si allí existiera una explicación que todavía no he logrado cerrar dentro de mí.
No es deseo.
No es decisión.
Es recurrencia.
Una forma de pensamiento que no pide permiso para volver.
A veces creo que el rechazo es suficiente.
Que basta con pensar “esto no soy yo” para que la idea pierda fuerza.
Pero ocurre lo contrario.
Cuanto más lo rechazo desde la lógica, más se reorganiza en un nivel distinto, más silencioso, más estable.
Sade aparece aquí no como figura de exceso, sino como estructura mental: la idea de que el pensamiento, llevado a su límite, deja de buscar coherencia y empieza a registrar su propia insistencia.
Sin resolución.
Sin salida clara.
Y en ese punto algo cambia en la percepción del yo.
Ya no como identidad fija.
Sino como soporte.
Como superficie donde algo ocurre sin necesidad de aprobación consciente.
Me sorprende descubrir que lo que me obsesiona no es una escena concreta, sino la forma en que mi mente vuelve a ella incluso cuando no la quiere.
Esa repetición tiene más fuerza que la intención de detenerla.
Hay momentos breves de claridad.
Instantes en los que pienso con seguridad:
“esto no es lo que quiero ser”.
Y durante esos segundos, esa frase parece suficiente.
Cerrada.
Definitiva.
Pero el cierre no dura.
Porque la mente no se queda en la conclusión.
Se desliza.
Y vuelve al mismo punto interno: el final del proceso del Operador, no como evento externo, sino como imagen mental recurrente donde todo parece quedar en suspenso, sin necesidad de explicación.
La contradicción no se resuelve.
Se observa.
Y al observarla demasiadas veces, empieza a ocupar más espacio que cualquiera de sus dos extremos.
Quizá lo más inquietante es esto:
que una parte de mí no quiera esto,
y otra parte siga regresando a imaginarlo.
No como placer claro.
No como decisión.
Sino como un intento de comprender qué ocurre cuando el pensamiento ya no discute consigo mismo.
Y aun así, ninguna de estas interpretaciones lo detiene.
El cuello se ha bloqueado el cuello debería…