El aire sabe a mármol seco.
Durante un momento pienso que la presión es el centro de todo.
La pinza.
La circulación.
La vibración atrapada dentro del tejido.
Pero empiezo a sospechar que me he equivocado.
Porque ya no estoy prestando atención al dolor.
Estoy prestando atención al registro.
Hay algo extraño en el registro.
Siempre termina igual.
Siempre aparece la misma secuencia.
Siempre aparece la misma frase.
Tengo que mover el cuello.
No lo estoy moviendo.
La espero.
No aparece.
Sigo leyendo.
Nada.
Por primera vez no está.
Y eso es lo primero que me preocupa.
No la ausencia de la presión.
No la ausencia del alivio.
La ausencia de la frase.
Miro el documento completo.
Entonces aparece una línea nueva.
No la había visto antes.
«Ya notaste que falta.»
Retrocedo.
La frase sigue ahí.
No recuerdo haberla leído.
La línea siguiente tarda unos segundos en aparecer.
«Tiempo de observación: 41 minutos.»
Miro la hora.
Llevo aquí dieciséis.
Cierro el archivo.
La carpeta sigue abierta.
Pero ya no tiene el mismo nombre.
Hace un instante se llamaba:
«Microfísica de la Presión.»
Ahora se llama:
«Fase dos.»
Abro la carpeta.
Dentro hay un único archivo.
No recuerdo haberlo visto antes.
Se llama:
«ANTES DE LEER ESTO»
Lo abro.
Hay una captura de pantalla.
Es mi escritorio.
Mi ventana.
Mi documento.
Mi cursor.
Todo coincide.
Excepto un detalle.
En la captura aparece una línea que todavía no existe en mi pantalla.
La leo.
«Vas a comprobar la fecha de creación del archivo.»
No quiero hacerlo.
Compruebo la fecha.
La fecha es de mañana.
Debajo aparece una nota.
No estaba antes.
«Ya has dejado de leer sobre el sistema.»
La siguiente línea tarda unos segundos más.
«Ahora el sistema está leyendo cómo reaccionas.»
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…