No debería estar leyendo esto otra vez.
Eso es lo primero que he pensado esta noche.
Y también lo primero que pensé anoche.
Cierro la pestaña.
La vuelvo a abrir diez minutos después.
No porque busque algo concreto.
Porque siento que se me escapa algo.
Eso es lo que me digo.
La verdad es que ya he leído los mismos artículos varias veces.
Reconozco algunos párrafos.
Reconozco algunas fotos.
Reconozco incluso los comentarios.
Aun así sigo bajando.
Como si esta vez hubiera algo distinto.
Como si esta vez fuera a encontrar una respuesta que las otras veces no estaba.
Hay una palabra que aparece mucho.
Sumisión.
La veo.
Sigo leyendo.
La cierro.
Vuelvo a buscarla una hora después.
Empiezo a notar algo que me incomoda.
No es excitación exactamente.
Todavía no.
Es curiosidad.
Pero una curiosidad rara.
Demasiado insistente.
La clase de curiosidad que aparece cuando debería estar haciendo otra cosa.
He empezado a guardar enlaces.
No muchos.
Luego más.
Anoche abrí una carpeta para organizarlos.
Cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo cerré el ordenador.
Me dio vergüenza.
No porque alguien pudiera verlo.
Porque lo vi yo.
Porque parecía que una parte de mí ya había tomado una decisión y no me había avisado.
Hoy me ha pasado algo peor.
He encontrado una fotografía que recordaba haber visto hace días.
La reconocí inmediatamente.
La ropa.
La habitación.
La postura.
Todo.
Pero no estaba donde recordaba.
He revisado el historial.
He buscado durante veinte minutos.
No la encontré.
La foto existía.
Estoy seguro.
Lo extraño es que parecía un recuerdo antes que un descubrimiento.
Como si hubiera llegado a ella dos veces.
La primera vez sin darme cuenta.
La segunda sabiendo exactamente lo que iba a sentir.
He empezado a preguntarme cuándo empezó esto.
No encuentro el momento.
No hay un día concreto.
No hay una primera búsqueda.
Solo muchas pequeñas comprobaciones.
Un artículo.
Un vídeo.
Otro artículo.
Una pestaña abierta.
Una captura de pantalla.
Una nota que no recuerdo haber escrito.
Nada importante por separado.
Pero juntas forman algo.
Y creo que eso es lo que me asusta.
No la posibilidad de probarlo.
No todavía.
Lo que me asusta es mirar atrás y descubrir que llevo semanas acercándome poco a poco.
Como si alguien hubiera estado moviendo una silla unos centímetros cada noche.
Tan poco que no se nota.
Hasta que un día descubres que está en otra habitación.
Sigo diciéndome que solo tengo curiosidad.
Lo repito mucho.
Demasiado.
Esta noche he abierto la misma página cuatro veces.
La cerraba.
Volvía.
La cerraba otra vez.
Volvía.
Al final ya no estaba leyendo.
Solo comprobando que seguía ahí.
Y mientras lo hacía me vino una pregunta que no he conseguido quitarme de la cabeza.
No es qué estoy buscando.
No es por qué sigo volviendo.
Es algo peor.
¿Y si una parte de mí ya sabía que iba a volver antes de que yo cerrara la página?
El cuello debería…