La Consagración de la Piedra: Autoridad como Ingeniería Civil del Organismo

Hay una marca en la pared.

No es grande.

Ni siquiera estoy seguro de que estuviera ahí ayer.

La veo cuando levanto la vista.

Después vuelvo a verla unos minutos más tarde.

Eso es lo extraño.

No la marca.

El hecho de que tenga que volver a mirarla.

La taza sigue junto al ordenador.

La toco.

Fría.

Durante un segundo pienso que he olvidado algo.

Pero la sensación desaparece antes de que consiga nombrarla.

La marca sigue ahí.

Ahora parece más recta.

No debería parecer más recta.

Las líneas no cambian mientras las miro.

Intento concentrarme en otra cosa.

No funciona.

Hay algo en esa pared que se comporta como una pregunta.

No porque parezca incompleta.

Porque parece haber llegado antes que la respuesta.

Tengo que mover el cuello.

Lo pienso.

Espero.

Nada.

La sensación no aparece.

O quizá aparece y no la reconozco.

La diferencia empieza a parecer importante.

La alarma sigue puesta.

La comprobé esta mañana.

Eso significa que hice exactamente lo que tenía que hacer.

Mi mano encontró la pantalla.

Mi dedo encontró el lugar correcto.

Todo ocurrió.

Y sin embargo sigo teniendo la impresión de que algo quedó fuera del registro.

La marca continúa en la pared.

Ahora me doy cuenta de otra cosa.

No estoy intentando recordar cuándo apareció.

Estoy intentando recordar cuándo empecé a prestarle atención.

No es lo mismo.

Pensaba que la diferencia era insignificante.

Ahora no estoy tan seguro.

La taza sigue fría.

Tengo que mover el cuello.

La marca sigue donde estaba.

Y empiezo a sospechar que ninguna de las tres cosas está ocupando realmente el lugar que le corresponde.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…