Para el activo, las semanas previas a la sesión no son un tiempo de espera.
Son un tiempo de construcción mental.
Ya no estoy en el momento.
Pero tampoco estoy fuera de él.
Lo pienso sin querer.
Y lo repito sin decidirlo.
Al principio es solo una idea suelta.
Después se vuelve una forma.
Una escena que no termina de cerrarse.
Y en esa escena siempre hay un punto final.
Un punto en el que todo ya está ajustado.
Como si el cuerpo ya hubiera sido organizado de antemano.
Como si cada detalle hubiera encontrado su lugar sin mi intervención.
Y yo solo tuviera que llegar.
No cambiar nada.
No decidir nada.
Solo estar.
Durante días, incluso semanas, vuelvo a ese punto mentalmente.
Lo imagino con una precisión que no sé de dónde viene.
El momento exacto en el que todo encaja.
El instante en que ya no hay margen de variación.
Y aun así sigo pensando en ello.
Aunque no me resulte cómodo.
Aunque no lo disfrute de forma clara.
Hay algo que me arrastra a reconstruirlo una y otra vez.
Como si prepararlo en mi mente fuera parte de la propia preparación.
Como si no pudiera detenerlo sin perder algo.
Cuando finalmente ocurre, no hay sorpresa.
Solo continuidad.
Como si ya hubiera estado allí antes de llegar.
Como si la espera no fuera espera, sino repetición anticipada.
Y lo más extraño es eso.
Que una parte de mí rechaza la idea.
Y aun así la imagina sin descanso.
Durante semanas.
Sin pausa real.
Solo ajuste interno.
Solo repetición silenciosa.
Solo el punto en el que todo ya está colocado para el Amo.
Y yo únicamente tengo que permanecer.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…