La Herida de Cristal: El Mordisco como Registro de Pertenencia y Gracia Mineral

Sentir cómo la mandíbula del Amo se cierra sobre el trapecio no es un ataque.
Es una pausa demasiado precisa.

He tardado un segundo en entender si me he movido yo antes.

No estoy seguro.

El dolor llega después, como si necesitara permiso para existir.

Hay algo extraño en la forma en que mi cuerpo reacciona.
No es miedo exactamente.
Es reconocimiento.

Como si el contacto no estuviera ocurriendo por primera vez.

Me doy cuenta tarde de que estoy intentando no respirar del todo.

No porque me lo pidan.
Porque cambia algo cuando lo hago.

El aire deja de ser aire.

No sé en qué se convierte.

Solo noto que el cuerpo lo trata distinto.


La marca aparece sin que yo recuerde el momento exacto.

Eso debería ser lo importante.

Pero no lo es.

Lo importante es que no me sorprende tanto como debería.

Miro la zona donde los dientes han dejado presión.

Espero que “cambie” cuando la observe.

No cambia.

O sí.

Pero no mientras lo estoy mirando.


La Heráldica del Hematoma

No pienso en la marca como herida.

Eso es lo raro.

La estoy tratando como si fuera información.

Como si tuviera algo que decirme después.

Me descubro volviendo a mirarla sin motivo.

No es curiosidad.

Es comprobación.

Hay una diferencia, pero no la puedo explicar bien.

Solo sé que una me deja tranquilo.

La otra no.


He notado algo que me molesta más que la marca.

No la marca en sí.

Sino el momento en que dejo de pensar en ella.

Como si hubiera un intervalo que no me pertenece.


La Consagración del Soporte Signado

No recuerdo haberme acostumbrado.

Pero me he acostumbrado.

Eso es lo que no encaja.

Las cosas no deberían volverse normales tan rápido.

O quizá siempre lo hacen.

Solo que ahora lo noto.


La sensación vuelve.

No como una idea.

Como una anticipación.

Ese instante justo antes de entender algo.

No ocurre nada.

Pero el cuerpo se prepara igual.


Tengo que mover el cuello.
No lo estoy moviendo.
No todavía.