La Geodesia de la Retracción Dorsal: Crónica de la Atadura de Manos a la Espalda, la Tensión y la Cal sobre el Eje del Soporte

Para el activo, el instante en que las muñecas son obligadas a encontrarse detrás de la espalda no se siente como un simple gesto de captura. Se parece más a una reorganización silenciosa de todo lo que el cuerpo daba por hecho.

Al principio pienso en las cuerdas.

Después dejo de pensar en ellas.

Empiezo a pensar en mis hombros.

En cómo intentan colocarse de otra manera.

En cómo siguen buscando una posición mejor incluso cuando ya no existe.

Las manos desaparecen de mi mapa mental durante unos segundos y luego regresan de golpe. No porque se muevan, sino porque las echo de menos. Es una sensación absurda. Nunca había prestado tanta atención a mis propias manos.

Intento cerrar los dedos.

Luego vuelvo a intentarlo unos minutos después.

No espero ningún resultado.

Solo quiero comprobar que siguen siendo míos.

La cuerda permanece exactamente igual.

Yo no.

La tensión cambia constantemente de sitio.

Abandona un hombro para instalarse en el otro.

Desciende por los brazos.

Se acumula entre los omóplatos.

Desaparece durante un momento y vuelve cuando ya creía haberme acostumbrado.

Eso debería sorprenderme menos de lo que me sorprende.

Hay una pequeña marca en la pared frente a mí.

No sé cuándo empecé a mirarla.

Ahora conozco su forma mejor que algunas caras.

La línea se curva ligeramente hacia abajo en uno de los extremos.

Cada vez que aparto la vista termino buscándola otra vez.

La inmovilidad no es lo interesante.

Lo interesante es observar todo lo que el cuerpo sigue intentando hacer después.

Corregir la postura.

Relajar los hombros.

Encontrar espacio donde no queda espacio.

Negociar con una realidad que ya ha tomado una decisión.

A veces creo que me he acostumbrado.

Entonces una muñeca pulsa contra la presión y descubro que no era verdad.

Solo había dejado de pensar en ella durante unos segundos.

La verdad es menos grandiosa de lo que imaginaba.

No siento que me convierta en piedra.

Siento algo mucho más extraño.

Me vuelvo consciente de detalles que normalmente desaparecen.

La respiración.

El peso de los brazos.

El calor atrapado bajo la cuerda.

El pequeño crujido del cuello cuando intento moverlo sin darme cuenta.

Y la certeza incómoda de que el cuerpo sigue reorganizándose mucho después de que la posición haya dejado de cambiar.

Al final no recuerdo la atadura como una imagen.

La recuerdo como una colección de cosas pequeñas.

La presión constante en una muñeca.

El hombro derecho que parece más cansado que el izquierdo.

La marca en la pared.

La respiración.

Y la extraña sensación de seguir buscando movimientos que ya no existen.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…