Lo curioso nunca ha sido el frío.
Ni el calor.
Ni siquiera el momento en que uno sustituye al otro.
Lo curioso es todo lo que ocurre alrededor.
El metal toca la piel.
Luego desaparece.
Después vuelve.
El cuerpo intenta clasificar la sensación.
No lo consigue.
Durante unos segundos parece frío.
Después parece otra cosa.
No más intenso.
Más difícil de nombrar.
La habitación sigue igual.
Nada parece haber cambiado.
Pero el cuerpo reacciona como si algo importante acabara de suceder.
Lo que más me sorprende no es el impacto.
Eso siempre parece importante al principio.
Lo extraño viene después.
Hay una percha torcida apoyada contra una pared. No sé por qué sigo mirándola. Lleva allí toda la tarde. No tiene relación con nada de lo que ocurre y, sin embargo, regresa una y otra vez a mi atención como si intentara recordarme algo.
El cuero cruza el aire.
Luego desaparece.
Después vuelve.
Y cada vez descubro menos sobre el golpe y más sobre todo lo que sucede alrededor de él.
El cuerpo intenta anticiparse.
Fracasa.
Vuelve a intentarlo.
Fracasa otra vez.
En algún momento dejo de pensar en resistencia o en fortaleza. Son palabras demasiado grandes para lo que realmente está ocurriendo.
Lo que ocurre es mucho más pequeño.
Una respiración que llega tarde.
Un músculo que se tensa antes de tiempo.
La sensación absurda de que una costura en la ropa se ha vuelto más relevante que cualquier otra cosa en la habitación.
Hay un reloj en alguna parte.
No puedo verlo.
Solo escucho un clic ocasional.
Durante unos segundos estoy convencido de que se ha detenido.
Después vuelve a sonar.
O quizá nunca dejó de hacerlo.
No estoy seguro.
Esa incertidumbre ocupa más espacio del que debería.
Poco a poco el impacto deja de ser un acontecimiento aislado.
Empieza a comportarse como el clima.
Algo que reorganiza el entorno sin pedir permiso.
La percha sigue apoyada contra la pared.
Una puerta se mueve ligeramente por una corriente de aire.
Alguien habla en otra habitación.
Las palabras son demasiado lejanas para entenderlas.
Todo continúa existiendo.
Y yo también.
Pero ya no de la misma manera.
Intento averiguar si el cuello está realmente inmóvil.
No llego a ninguna conclusión.
Durante unos segundos todo eso resulta más fácil de comprender que mi propio cuerpo.
No lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…