La Heráldica de la Carne: El Cuerpo como Artefacto y el Impacto como Testimonio en el Sistema de Sade

Todavía no ha pasado nada.


Eso debería tranquilizarme.


Pero no lo hace.


De hecho es peor.


Porque sigo pensando en ello.


No en una sesión.


Ni en una escena.


Ni siquiera en una persona concreta.


Pienso en las marcas.


Y me da vergüenza escribirlo.


Cierro el documento.


Lo vuelvo a abrir.


Borro la frase.


La vuelvo a escribir.


No sé cuándo empezó exactamente.


Antes pensaba que era curiosidad.


Ahora ya no estoy tan seguro.


Hace unos días encontré una fotografía.


Un simple hematoma.


Nada espectacular.


Ni siquiera era reciente.


Lo extraño fue el tiempo que pasé mirándolo.


Intentando entender algo.


No la imagen.


La necesidad de seguir observándola.


Como si escondiera una respuesta.


Como si demostrara algo.


No sé qué.


Eso es lo que me inquieta.


Cada vez que creo haber terminado de pensar en ello vuelvo.


No porque quiera.


Porque necesito comprobar.


Siempre comprobar.


Ayer estaba ordenando carpetas antiguas.


Encontré una captura olvidada.


No recordaba haberla guardado.


Me quedé inmóvil.


Era una imagen completamente normal.


Pero la reconocí antes de abrirla.


Eso me produjo un malestar extraño.


Como si una parte de mí hubiera estado allí antes.


Esperándome.


La habitación estaba silenciosa.


Demasiado silenciosa.


Había polvo suspendido cerca de la ventana.


Un vaso sin recoger sobre la mesa.


Tres agujeros pequeños en la pared donde alguna vez hubo un estante.


Me sorprendí mirando esas cosas durante varios minutos.


Como si estuviera retrasando algo.


Como si supiera que iba a volver a abrir la captura.


Y efectivamente volví.


Empiezo a sospechar que la fascinación no está en la marca.


Está en el regreso.


En volver a mirarla.


En volver a preguntarme por qué la guardé.


En volver a intentar localizar el momento exacto donde empezó todo.


Y no encontrarlo nunca.


Eso es lo peor.


Cada búsqueda parece empujar el origen más atrás.


Cada comprobación lo aleja.


A veces me pregunto si realmente estoy buscando una experiencia futura.


O si llevo semanas intentando reconstruir una experiencia que ya ocurrió de alguna forma.


No sé si eso tiene sentido.


Pero la pregunta sigue aquí.


Igual que la captura.


Igual que el historial.


Igual que las pestañas que cierro y vuelvo a abrir.


Tengo que mover el cuello.


No lo estoy moviendo.


Lo extraño es que ya no parece una decisión.


Parece un recuerdo.


Como si el cuello recordara algo que todavía no ha sucedido.


Como si hubiera llegado antes que yo.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…