El problema no es lo que ocurre en la boca.
Es que la boca aparece en lugares distintos según dónde mire.
La primera vez noto un sabor metálico. No viene de nada que haya ingerido. Viene después, como si la habitación lo hubiera añadido cuando dejé de prestar atención.
En la mesa hay una taza.
No estaba antes.
Estoy casi seguro de haberla usado.
Cuando me acerco, la taza tiene una grieta vertical.
En el espejo no.
En el espejo la taza está intacta, llena.
No sé cuál versión es la anterior.
La aparto de la mesa.
En el instante en que la levanto, la taza vuelve a aparecer en su sitio.
Llena.
Sin movimiento intermedio.
Como si nunca hubiera estado en mi mano.
No siento sorpresa.
Siento corrección.
El aire en la habitación se espesa un grado más. No como si cambiara la atmósfera, sino como si el espacio decidiera qué densidad es aceptable para cada versión de mí.
Busco la grieta otra vez.
Ahora está en la mesa.
Pero también está en el espejo.
No en el mismo lugar.
No con la misma forma exacta.
Pero suficientemente parecida como para que ambas puedan reclamar ser la original.
Intento recordar cuál vi primero.
En el momento en que lo hago, aparece una tercera grieta.
En el borde del teclado.
Perfectamente alineada con mi uña.
No recuerdo haberla tocado.
El teclado sí.
El teclado tiene memoria de presión.
Miro mis manos.
Hay una leve marca blanca en el dedo índice.
Como si hubiera apoyado algo más duro que madera.
El espejo no la refleja.
En el espejo la mano está limpia.
En la mesa la marca existe.
No hay forma de decidir cuál es el estado correcto.
Solo coexistencia.
Entonces ocurre algo más pequeño.
La taza desaparece otra vez.
No se mueve.
No cae.
Simplemente deja de tener derecho a estar en el mismo sistema.
El silencio se vuelve más preciso.
Y el cuello vuelve a aparecer como una idea antes que como un gesto.
Tengo que mover el cuello.
La frase no llega como pensamiento.
Llega como si ya hubiera sido ejecutada en otro lugar y ahora solo quedara su eco.
No intento obedecerla.
Intento recordar cuándo empezó.
No hay inicio.
Solo instancias.
Levanto la mirada hacia el espejo.
Mi reflejo ya está terminando el movimiento.
Yo todavía no.
Y por primera vez noto algo peor que la distorsión.
El reflejo no me espera.
Me adelanta como si supiera qué versión de mí va a ser aceptada.
El cuello no lo estoy moviendo debería…