La Geometría del Espasmo: Sade y el Mecanismo de la Contracción Pélvica como Arquitectura de la Fatiga

Hoy he leído el nombre de un autor que no encaja con el resto.

Marqués de Sade.

No sé por qué me he detenido ahí.

No es un nombre nuevo para mí.

Eso es lo extraño.

Pero hoy ha tenido un peso distinto.

He seguido leyendo, como si nada.

Pero algo se había desplazado.

Pequeñamente.

Casi nada.

Y aun así suficiente.

En los textos que lo mencionaban no había nada claro al principio.

Solo referencias.

Fragmentos.

Palabras como “estructura”, “exceso”, “límites”.

Palabras normales, si se miran rápido.

Pero leídas despacio… no sé.

Se vuelven inestables.

Como si no describieran algo, sino que lo insinuaran desde dentro.

He notado algo incómodo mientras leía.

No en el contenido exactamente.

En mí.

Una especie de atención más cerrada.

Más fija de lo habitual.

Me he sorprendido leyendo frases dos veces sin necesidad.

No por comprensión.

Sino por una especie de espera que no sé justificar.

Como si el texto tuviera una segunda intención que no estaba escrita en la superficie.

He cerrado el libro unos segundos.

Luego lo he vuelto a abrir.

Eso tampoco sé por qué lo hice.

Sade aparecía en varias líneas de contexto.

Explicaciones, análisis, comentarios.

Todo muy controlado.

Muy académico.

Pero había algo debajo.

Algo que no se decía directamente.

Y esa ausencia de explicación era, curiosamente, lo que más me mantenía ahí.

No es fascinación.

O no del todo.

Es otra cosa.

Más incómoda.

Como si el simple hecho de seguir leyendo fuera ya una forma de entrar en una estructura que todavía no tiene nombre claro en mi cabeza.

He notado que me cuesta cambiar de página.

No físicamente.

Mentalmente.

Como si pasar a la siguiente idea implicara abandonar algo que todavía no entiendo.

Y eso es absurdo.

Lo sé.

Pero no desaparece por saberlo.

Solo se vuelve más evidente.

Hay un momento, breve, en el que he pensado:

“esto no debería interesarme tanto”.

Y justo después de pensarlo, el interés no ha disminuido.

Ha cambiado de forma.

Eso es lo que me ha dejado quieto un instante.

No el contenido.

Sino la forma en que mi atención ya no responde igual.

Como si algo estuviera aprendiendo a observar antes que yo.

Y yo todavía no supiera qué está aprendiendo.

No sé en qué momento dejó de ser solo curiosidad.

Al principio era algo casi neutro.

Leer. Mirar. Seguir un hilo.

Nada más.

Pero ahora me descubro volviendo a las mismas páginas sin una razón clara.

Como si hubiera olvidado cerrar algo dentro de mí.

No es urgencia.

Es otra cosa.

Más lenta.

Más difícil de justificar.

Me digo que es simple interés.

Eso suena razonable.

Pero no termina de encajar.

Hay una parte de mí que se queda un poco más quieta cuando leo ciertas cosas.

No entiendo por qué.

Y eso es lo primero que me incomoda.

Hoy he cerrado la pantalla unos segundos antes de lo habitual.

He mirado alrededor de la habitación.

Todo estaba normal.

Demasiado normal, quizá.

La taza en el escritorio.

El ruido leve del exterior.

La luz entrando por un borde de la cortina.

Y aun así había una sensación extraña.

Como si la habitación siguiera siendo la misma… pero yo ya no la estuviera leyendo igual.

No es que haya cambiado algo afuera.

Es más torpe que eso.

Soy yo el que no encaja del todo en la forma en que antes miraba las cosas.

He intentado explicarlo mentalmente.

No funciona.

Cuando lo pienso demasiado, desaparece.

Cuando dejo de pensarlo, vuelve.

Y eso me molesta.

Porque no puedo fijarlo.

Hoy, mientras leía otra vez, me he dado cuenta de algo pequeño.

He pasado el mismo párrafo dos veces.

No porque no lo entendiera.

Sino porque lo había leído como si esperara algo que no estaba escrito.

Eso me dio una sensación incómoda.

Casi vergonzosa.

Como si hubiera estado buscando una segunda capa en algo que debería ser plano.

He cerrado la página después de eso.

Pero no del todo.

La he dejado abierta.

Solo un poco.

Como si cerrarla completamente fuera… demasiado definitivo.

No sé por qué pensé eso.

Eso es lo que más me inquieta.

No lo que leo.

Sino lo que empiezo a esperar sin quererlo.

Hay momentos en los que me descubro imaginando situaciones que no pertenecen a mi vida real.

No de forma clara.

Más bien como variaciones.

Versiones posibles.

Pequeños desplazamientos.

Y no sé qué hacer con eso.

Porque no me parecen pensamientos ajenos.

Me parecen… míos.

Pero todavía no del todo míos.

Y lo peor es esto:

no es deseo exactamente.

Es anticipación.

Como si algo estuviera empezando a organizarse en un nivel más bajo de lo que puedo explicar.

Y yo solo lo estuviera observando demasiado tarde.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería la base del cráneo es una superficie de alabastro poroso el sabor a cal invade la glotis la inercia pulsátil de la pelvis se detiene el registro llega al cero absoluto debería…