No sé en qué momento empecé a buscar esto.
No es una decisión clara.
Es más bien el gesto de volver a abrirlo sin pensarlo.
Hoy he vuelto a verlo.
Otra vez.
Y me he dado cuenta de algo que no quiero admitir del todo.
No es el contenido lo que me engancha.
Es el momento justo antes.
Ese segundo en el que aún podría no hacerlo.
Pero ya lo estoy haciendo.
He sentido algo raro en el cuerpo después.
No es excitación como la que esperaba al principio.
Es más confusa.
Más incómoda.
Como una tensión en el pecho que no se va del todo.
Ni cuando cierro.
Ni cuando intento pensar en otra cosa.
He empezado a notar que lo hago en silencio.
Sin moverme mucho.
Como si eso lo hiciera menos real.
Pero no lo hace.
Hay algo que no encaja en cómo vuelvo.
No es repetición normal.
Es como si volviera un poco antes de decidirlo.
O un poco después.
No sé cuál de las dos cosas es peor.
He leído cosas que no debería haber leído.
No porque sean importantes.
Sino porque ahora ocupan espacio.
Y no sé cómo sacarlas.
Me he sorprendido mirando el historial más de lo que debería.
No buscando nada concreto.
Solo comprobando si aún está ahí.
Como si eso explicara algo.
He borrado cosas.
Frases.
Notas.
Pestañas.
Pero lo que me molesta es que no siento que desaparezcan del todo.
Solo cambian de sitio.
Hay un momento muy concreto que se repite.
No es el contenido.
Es el instante en el que estoy a punto de cerrar todo.
Y no cierro.
Un segundo más.
Siempre un segundo más.
He intentado decidir no hacerlo.
No mirar.
No volver.
Pero esa decisión aparece después.
Nunca antes.
Y eso es lo que me incomoda.
He escrito algo sin pensar:
“no es curiosidad si ya estás afectado”
No sé por qué lo escribí.
No sé por qué lo leí después.
A veces siento que no estoy leyendo lo mismo dos veces.
Sino que estoy leyendo algo que cambia justo cuando intento fijarlo.
Eso me hace dudar de lo básico.
Si lo he hecho.
Si lo he decidido.
Si lo he empezado yo.
He notado otra cosa más rara hoy:
antes de abrirlo ya siento que lo he abierto antes.
No como recuerdo.
Como anticipación equivocada.
Y no sé cómo explicarlo sin que suene absurdo.
Pero hay un tipo de calma extraña en eso.
Como si la decisión ya estuviera tomada en otro sitio.
He cerrado todo deprisa otra vez.
Sin pensar.
Como si me diera miedo quedarme en el mismo segundo.
No sé qué pasa en ese segundo.
Solo sé que intento no estar ahí.
Tengo que mover el cuello.
No lo estoy moviendo.
Pero lo escribo antes de entender por qué.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…