El Sensor de Alabastro: Crónica Orgánica del Límite y la Ética del Mando

Para mí, el problema es que nunca quise esto.

Sería mucho más sencillo si lo hubiera querido.

Podría explicarlo.

Podría archivarlo junto a otros deseos.

Podría decir: esto me gusta, esto me atrae, esto me pertenece.

Pero no es así.

La sumisión nunca me interesó demasiado. Ni siquiera ahora estoy seguro de que me interese.

Lo que me obsesiona es otra cosa.

Es él.

No él como Amo.

No siquiera él como persona.

Me obsesiona la manera en que parece comprender algo que yo no comprendo.

La forma en que ajusta una correa.

La pausa antes de responder una pregunta.

La precisión con la que corrige un detalle que yo ni siquiera había notado.

Son cosas pequeñas.

Ridículamente pequeñas.

Y sin embargo vuelvo a ellas una y otra vez.

A veces estoy trabajando y recuerdo la posición de sus manos.

No haciendo nada importante.

Simplemente apoyadas sobre una mesa.

Y pierdo el hilo de lo que estaba pensando.

Me irrita.

Me avergüenza un poco.

Porque no se siente como deseo.

Se siente como una ecuación incompleta.

Como una palabra que debería recordar y no recuerdo.

Como entrar en una habitación para buscar algo y olvidar inmediatamente qué era.

Cuanto menos lo entiendo, más presente está.

Y cuanto más presente está, menos lo entiendo.

He intentado resolverlo racionalmente.

No funciona.

He intentado ignorarlo.

Funciona todavía menos.

Hay días enteros en los que no pienso en él.

O eso creo.

Luego descubro que he estado reorganizando objetos sobre mi escritorio exactamente igual que él reorganizaba herramientas sobre una mesa.

Entonces aparece esa sensación otra vez.

No placer.

No amor.

No admiración.

Algo peor.

Reconocimiento.

Como si una parte de mí hubiera encontrado un patrón que el resto todavía es incapaz de descifrar.

Ayer, por ejemplo, estaba comprando pan.

Nada más.

Una tarea absurda y ordinaria.

Y de repente pensé en una frase que dijo hace meses.

Ni siquiera era una frase importante.

Ni siquiera recuerdo el contexto.

Solo recuerdo la cadencia.

La manera en que la dijo.

Pasé el resto del día intentando recordar por qué.

No lo conseguí.

La barra de pan terminó endureciéndose sobre la encimera mientras yo seguía pensando en alguien que ni siquiera estaba allí.

Eso empieza a parecer una enfermedad.

Quizá lo sea.

Lo más inquietante es que no siento que me esté acercando a una respuesta.

Siento exactamente lo contrario.

Cada vez que creo entender algo, el centro se desplaza.

Como si la obsesión no estuviera intentando resolverse.

Como si quisiera sobrevivir.

Como si necesitara seguir siendo una pregunta.

Y a veces me pregunto qué ocurriría si realmente comprendiera.

Si un día despertara y todo encajara.

Si por fin pudiera señalar el origen exacto de esta fijación.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…