No debería estar leyendo esto otra vez.
Es una tontería escribirlo así porque nadie me obliga.
Puedo cerrar la página cuando quiera.
De hecho la cierro.
Muchas veces.
Lo que no entiendo es por qué vuelvo.
Durante mucho tiempo pensé que era curiosidad.
La explicación parecía suficiente.
Descubres algo nuevo.
Lees sobre ello.
Quieres entenderlo mejor.
Normal.
Pero hay algo que no encaja.
Porque hace semanas que dejé de aprender cosas nuevas.
La mayoría de las veces termino leyendo versiones distintas de las mismas ideas.
Las mismas dinámicas.
Las mismas historias.
Los mismos comentarios.
Y aun así sigo abriendo páginas.
Eso me da más vergüenza de la que debería.
Durante un segundo pensé en borrar esa frase.
No porque fuera falsa.
Porque se parece demasiado a otras cosas que llevo tiempo evitando admitir.
Hay una taza sobre la mesa.
La miro mientras escribo esto.
La taza sigue donde estaba hace una hora.
Eso debería tranquilizarme.
Y sin embargo vuelvo a mirarla.
No porque crea que se va a mover.
Porque durante un instante necesito asegurarme de que fui yo quien la vio.
Es una diferencia pequeña.
Pero no consigo dejar de pensar en ella.
Hace unos días intenté hacer una prueba.
Nada especial.
Dejé de leer durante toda una tarde.
Pensé que así podría demostrarme que no había ninguna obsesión.
La prueba funcionó.
Supongo.
No abrí ninguna página.
No busqué nada.
No leí nada.
Lo extraño fue descubrir cuántas veces pensé en hacerlo.
No sentía necesidad.
O al menos no parecía necesidad.
Era algo más difícil de describir.
Como si estuviera esperando que apareciera la necesidad.
Y esa espera era mucho más constante que el deseo mismo.
Antes pensaba que buscaba información.
Después pensé que buscaba una sensación.
Ahora ya no estoy seguro.
Creo que buscaba algo que ocurría justo antes de la sensación.
El instante anterior.
El momento en que todavía no sabes si vas a abrir la página.
La posibilidad.
Anoche puse una alarma.
Solo quería despertarme temprano.
Cuando sonó me quedé mirando la pantalla unos segundos.
Intentando recordar por qué había elegido esa hora.
Recordaba haber tomado la decisión.
Lo que no recordaba era haberla tomado.
Sé que la diferencia parece absurda.
Pero llevo semanas encontrándome con diferencias así.
Pequeñas cosas.
Pequeños retrasos.
Pequeñas grietas.
Nada importante por separado.
Y sin embargo siguen acumulándose.
A veces cierro una página porque quiero dejar de pensar en todo esto.
Cinco minutos después me descubro comprobando si la cerré.
No porque dude de la página.
Porque dudo del gesto.
Porque quiero saber quién decidió cerrarla.
Hay una frase que aparece cada vez más.
No sé cuándo empezó.
Tengo que comprobarlo.
Antes creía que la frase hablaba de algo externo.
Un artículo.
Un vídeo.
Una historia.
Ahora creo que habla de otra cosa.
Tengo que comprobar por qué sigo comprobándolo.
Y eso es lo que empieza a inquietarme.
Porque durante algunos segundos creo entender la respuesta.
La noto acercarse.
Como si estuviera justo detrás de una puerta.
Entonces desaparece.
Y lo único que queda es una duda nueva.
No sobre lo que estoy buscando.
Sobre quién empezó a buscarlo.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…