La Geodesia del Alveolo Cautivo: Crónica de la Respiración Guiada, la Tensión y la Cal sobre el Eje del Soporte

Al principio pienso que podré ignorarlo.

Solo es respirar.

Llevo haciéndolo toda mi vida.

Nadie debería tener que pensar en algo tan simple.

Y, sin embargo, en cuanto el ritmo queda establecido, dejo de pensar en otra cosa.

Eso es lo primero que me molesta.

No el conteo.

No las pausas.

No la sensación física.

La atención.

La forma en que una parte de mi mente empieza a girar alrededor de algo que ni siquiera me gusta.

Quiero recuperar mi propio ritmo.

De verdad que quiero.

Pero también sigo escuchando.

Esperando.

Calculando.

Hay una contradicción ahí que no consigo resolver.

La habitación permanece inmóvil.

La lámpara continúa emitiendo el mismo zumbido eléctrico.

Al fondo, una tubería produce tres golpes huecos.

Siempre son tres.

Nunca dos.

Nunca cuatro.

No sé por qué sé eso.

Quizá porque llevo demasiado tiempo escuchándola.

Quizá porque mi atención necesita agarrarse a algo.

Inhalo.

Exhalo.

Intento hacerlo a mi manera.

Fracaso.

No porque alguien me obligue.

Porque ahora soy demasiado consciente de ello.

Eso es diferente.

Y probablemente peor.

Empiezo a notar cosas absurdas.

Una ligera tensión bajo la costilla izquierda.

La sensación de aire más frío entrando por una fosa nasal que por la otra.

Un pequeño punto en el techo donde la pintura se descascaró hace años.

No recuerdo haberlo visto antes.

Ahora no puedo dejar de mirarlo.

Debería estar pensando en otra cosa.

En cualquier cosa.

Pero sigo regresando al mismo lugar.

Al mismo ciclo.

Al mismo problema.

No disfruto esta sensación.

No la busco.

No me resulta agradable.

Y aun así me descubro esperando el siguiente conteo.

Eso es lo que realmente me inquieta.

No la respiración.

La expectativa.

Hay momentos en que me siento irritado conmigo mismo.

Momentos en que quiero romper el ritmo únicamente para demostrar que todavía puedo hacerlo.

Y otros momentos —más incómodos de admitir— en los que me sorprendo escuchando el silencio que existe entre una instrucción y la siguiente.

Como si esa pausa contuviera algo importante.

Como si estuviera esperando que ocurriera algo.

No ocurre nada.

Nunca ocurre nada.

Solo aire entrando.

Aire saliendo.

Y una atención que se niega a marcharse.

Al final siento alivio cuando termina.

Un alivio real.

Físico.

Inmediato.

Pero entonces descubro algo ridículo.

Sigo contando durante unos segundos más.

Nadie me lo ha pedido.

Ya no hace falta.

Y aun así continúo.

Uno.

Dos.

Tres.

Me doy cuenta de lo que estoy haciendo y me detengo.

Eso debería ser insignificante.

No sé por qué no lo es.

El cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…