La Geodesia del Surco Dérmico: Crónica del Estigma, la Erosión y la Cal sobre el Eje del Soporte

En algún lugar de la habitación algo emite un clic.

No sé qué ha sido.

Quizá una tubería.

Quizá la madera ajustándose al cambio de temperatura.

No vuelve a repetirse.

La marca sobre la piel permanece más tiempo que el sonido.

Eso es lo único verificable.

Para el activo, el instante en que la línea trazada sobre la superficie viva interrumpe la continuidad de la piel no se siente como un acontecimiento aislado. Se parece más a una reorganización lenta del espacio. Como si ciertas regiones del cuerpo adquirieran un peso nuevo mientras otras comenzaran a alejarse.

Al principio todavía intento distribuir la atención de manera uniforme.

No funciona.

Una parte de mí continúa pendiente del entorno.

La costura torcida de una funda.

Una mota oscura cerca del zócalo.

La sombra irregular de una percha detrás de una puerta.

Nada de eso desaparece.

Simplemente deja de ocupar el centro.

El recorrido del trazo permanece.

No por intensidad.

Por persistencia.

Hay una diferencia.

Durante unos segundos creo que una de las líneas ha cambiado de posición.

La observo.

No ha cambiado.

La sensación sí.

Eso complica las cosas.

Siempre pensé que el cuerpo reaccionaba a lo que ocurría.

Ahora no estoy tan seguro.

A veces parece reaccionar a lo que recuerda.

El aire continúa moviéndose con normalidad.

Una manga cae unos centímetros por el respaldo de una silla.

Nadie la toca.

Ese movimiento tiene más independencia de la que debería.

Me resulta extrañamente difícil apartar la vista.

Mientras tanto, la percepción sigue reorganizándose alrededor de puntos cada vez más concretos.

No alrededor del dolor.

No exactamente.

Alrededor de la expectativa.

Alrededor de la posibilidad de que algo vuelva a ocurrir.

O no.

Esa diferencia termina importando más de lo esperado.

Hay un momento especialmente extraño.

Escucho un vehículo pasar en la calle.

Estoy convencido de que se detiene frente al edificio.

Espero una puerta.

Un motor apagándose.

Algún ruido adicional.

Nada sucede.

El sonido simplemente desaparece.

Me he equivocado claramente.

Y sin embargo la espera permanece varios segundos más.

Como si el error también ocupara espacio físico.

Eso me parece importante.

O quizá no.

La marca continúa allí.

La respiración continúa allí.

La habitación continúa allí.

Nada coopera realmente con lo que estoy sintiendo.

Y precisamente por eso la experiencia se vuelve más sólida.

No hay símbolos.

No hay mensajes ocultos.

Solo una serie de huellas superficiales, una silla ligeramente torcida, una sombra mal alineada sobre la pared y la sensación creciente de que mi propia percepción ya no organiza el mundo con la misma autoridad que hace unos minutos.

El cuello debería moverse.

Lo intento.

Se mueve.

Menos de lo esperado.

La constatación resulta absurdamente tranquilizadora.

No porque resuelva nada.

Porque introduce un hecho.

Algo que existe fuera de cualquier interpretación.

La marca permanece.

La habitación también.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…