No sé en qué momento dejó de ser curiosidad.
Solo sé que ahora es una especie de rutina que no decido del todo.
Al principio era mirar.
Solo mirar.
Cerrar.
Volver a abrir al rato como si no hubiera pasado nada.
Ahora no lo noto igual.
Lo noto antes.
Eso es lo peor.
A veces estoy en otra cosa y de repente ya estoy ahí.
No he decidido nada.
Pero ya estoy dentro.
La pantalla del móvil boca abajo.
Ese gesto.
Como si pudiera contener algo.
Como si fuera una forma de control.
Cinco minutos.
O menos.
Lo giro.
Sin pensar demasiado.
Como si el movimiento ya estuviera preparado desde antes.
No hay emoción clara en el gesto.
Solo continuidad.
La pantalla negra.
Mi cara encima.
Un reflejo que no me mira directamente.
Solo está.
Hay un segundo raro ahí.
No es pensamiento.
No es decisión.
Es una especie de pausa que no encaja con el resto del día.
Me doy cuenta de algo incómodo:
no es que lo haga.
es que me doy cuenta un momento después de que ya lo estaba haciendo.
Dejo una pestaña abierta.
No por utilidad.
Por no cortar algo que no sé nombrar.
A veces intento cerrarlo de verdad.
Lo hago.
Sin darle mucha importancia.
Y aun así al día siguiente vuelvo.
No sé si lo decidí.
Solo sé que ya está abierto otra vez.
Me quedo mirando la pantalla apagada unos segundos después.
Como si esperara una explicación que no va a aparecer.
No es vergüenza clara.
Es algo más simple.
No entender el momento exacto en el que dejo de elegir.
El cuello.
Me doy cuenta de que llevo un rato sin moverlo.
No lo estaba pensando.
Lo noto después.
Lo pienso un segundo antes de moverlo.
Como si incluso ese gesto necesitara pasar por una especie de revisión.
Y aun así tardo.
Un poco más de lo necesario.
Pensaba que esto era curiosidad.
Ahora no sé si es eso.
O si es solo la forma que tengo de volver sin darme cuenta.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…