La Geodesia del Arnés Integral: Crónica del Atado de Cuerda, la Tensión y la Cal sobre el Eje del Soporte

Para el activo, el momento en que las primeras vueltas de cuerda terminan de asentarse sobre el torso no se siente como una inmovilización.

Se siente como una corrección.

Como si alguien hubiera encontrado demasiados movimientos donde antes parecían necesarios.

Al principio sigo intentando acomodarme.

Un hombro busca unos milímetros.

Las costillas intentan expandirse de una manera determinada.

La espalda parece recordar posiciones que ya no están disponibles.

La cuerda no impide esos impulsos.

Simplemente les responde.

Siempre de la misma manera.

Después de un tiempo dejo de prestar atención a los nudos.

Empiezo a prestar atención a otras cosas.

Hay una marca de humedad cerca del techo.

No es reciente.

Los bordes se han oscurecido con los años.

Tiene una forma extraña que cambia dependiendo del ángulo desde el que la miro.

No sé cuándo empecé a observarla.

Solo sé que vuelvo a ella constantemente.

La cuerda sigue ahí.

Pero la mancha también.

Y ambas empiezan a ocupar el mismo espacio dentro de mi atención.

La contradicción aparece poco después.

No me gusta la presión.

No me gusta descubrir que cada respiración encuentra un límite antes de donde esperaba.

No me gusta que ciertas partes del cuerpo se vuelvan tan presentes.

Y sin embargo no consigo dejar de registrar cada detalle.

El roce áspero de una fibra.

El calor atrapado bajo una vuelta concreta.

La diferencia mínima entre un lado del torso y el otro.

Todo parece adquirir más importancia de la que debería.

Hay polvo suspendido en un haz de luz que entra por la ventana.

Muy poco.

Casi invisible.

Lo observo girar durante varios minutos.

Quizá más.

No porque sea interesante.

Porque sigue moviéndose.

Aquí dentro casi nada lo hace.

Eso termina importando.

La cuerda tampoco parece un objeto después de un tiempo.

Se convierte en una referencia.

Igual que el sonido lejano de una tubería.

Igual que una grieta fina que atraviesa parte del yeso.

Igual que una pequeña acumulación de suciedad junto al zócalo que nadie ha limpiado.

Cosas insignificantes.

Cosas que normalmente no recordarías.

Pero el cerebro empieza a aferrarse a ellas cuando se queda sin alternativas.

La verdadera transformación no ocurre en el cuerpo.

O no solamente.

Ocurre en la atención.

Empiezo pensando en la cuerda.

Termino pensando en todo aquello que existe alrededor de la cuerda.

Y cuando intento recordar qué estaba haciendo antes de quedar así, descubro algo extraño.

Puedo recordar la idea.

No puedo recordar la sensación.

No lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…