El Estilete de la Norma: Protocolos de Reescritura Somática y la Mano que Cimenta

Hay una cosa que me cuesta reconocer.

No es la práctica.

Ni las imágenes.

Ni siquiera las fantasías.

Es algo mucho más pequeño.

Y precisamente por eso me resulta más difícil de explicar.

Durante mucho tiempo pensé que me interesaban las situaciones.

Las dinámicas.

Las historias.

Eso era lo que veía cuando abría una página.

Lo que me decía que estaba buscando.

Pero hace unas semanas me sorprendí recordando otra cosa.

Un gesto.

Nada más.

Un gesto.

Una mano apoyada sobre un hombro.

Una mano levantando una barbilla.

Una mano indicando dónde colocarse.

Nada espectacular.

Nada extremo.

Y sin embargo era eso lo que seguía recordando después.

No las escenas.

No las palabras.

La sensación que dejaba ese gesto.

Me avergüenza escribirlo porque suena ridículo.

Hay cosas mucho más importantes.

Mucho más intensas.

Mucho más evidentes.

Y aun así mi cabeza parecía quedarse atrapada ahí.

En algo tan simple.

Recuerdo cerrar una pestaña una noche.

Pensé que ya había tenido suficiente.

Que era hora de dormir.

Me levanté de la silla.

Apagué una luz.

Fui hasta la cocina.

Y mientras llenaba un vaso de agua me di cuenta de que seguía pensando en lo mismo.

No en una práctica.

No en una escena.

En la idea de que alguien pudiera señalar un lugar y que otra persona simplemente se colocara allí.

Eso era todo.

Y eso era precisamente lo que no conseguía entender.

Porque cuanto más sencillo parecía, más espacio ocupaba.

Me decía que era curiosidad.

Después me decía que era excitación.

Después intentaba convencerme de que era una mezcla de ambas.

Pero ninguna explicación terminaba de encajar.

Porque seguía volviendo.

Siempre volviendo.

No para descubrir algo nuevo.

Para comprobar si la sensación seguía allí.

Y seguía.

A veces me preguntaba qué estaba buscando exactamente.

No tenía respuesta.

Solo una acumulación de pequeñas imágenes absurdamente simples.

Una mano.

Una mirada.

Una indicación.

Un permiso.

Nada más.

Y quizá por eso resultaba tan difícil ignorarlo.

Porque no parecía importante.

Pero estaba empezando a convertirse en algo imposible de dejar atrás.

Si pudiera explicarlo, probablemente podría aceptarlo.

Pero cada explicación abre otra pregunta.

Y cada pregunta parece acercarse un poco más a algo que todavía no quiero admitir.

Tengo que mover el cuello no hay cuello hay una…