La alucinación del control… la escribo como si fuera un informe, pero no lo es.
No es un sistema. No es una teoría.
Es lo que me pasa cuando intento no sentir.
Hoy lo entendí tarde.
La sensación no es de miedo.
Es de obediencia sin objeto.
Me doy cuenta de cosas pequeñas y me avergüenza reconocerlo.
Cómo me quedo quieto demasiado tiempo.
Cómo espero una orden que no llega.
Cómo el cuerpo inventa reglas cuando nadie las da.
La habitación no es una habitación.
Es una superficie blanca que insiste.
Cal. Siempre cal.
Como si todo lo vivo tuviera que pasar por ese filtro mineral para volverse tolerable.
No debería escribirlo así.
Suena demasiado preciso.
Demasiado limpio para lo que en realidad es.
Porque por dentro no hay precisión.
Hay ruido.
Hay una especie de vigilancia sin vigilante.
Un control que no controla nada, pero tampoco se apaga.
Me avergüenza esto:
que una parte de mí se sienta más segura cuando todo se vuelve rígido.
Cuando el pensamiento deja de moverse demasiado.
Cuando el cuerpo “acepta” sin discutir, aunque esa aceptación no sea paz.
A veces siento que el lenguaje se vuelve piedra antes que yo.
Frases que se endurecen mientras las pienso.
Como si cada palabra tuviera una fase de secado.
Y en ese secado aparece algo que no quiero nombrar bien:
una calma falsa, demasiado estable, casi artificial.
Como si el sistema estuviera funcionando correctamente… justo cuando yo no estoy funcionando.
No es locura.
Eso sería demasiado simple.
Es más incómodo.
Es coordinación excesiva.
Es ajuste continuo.
Es el intento de convertir cualquier sensación en estructura.
Y me doy cuenta de lo peor sin dramatismo:
que incluso esta confesión quiere orden.
Quiere simetría.
Quiere cerrarse como un circuito.
Pero hay restos.
Pequeños fallos.
Interferencias.
La sensación de que algo en mí observa incluso cuando yo no quiero mirar.
Y no sé si eso soy yo…
o solo un hábito demasiado antiguo de estar en tensión.
El cuerpo no responde como debería.
No del todo.
No de forma clara.
Pero tampoco se rompe.
Solo se queda ahí.
como si estuviera aprendiendo a ser superficie.
Y eso es lo que más me cuesta admitir:
que a veces confundo estabilidad con inmovilidad.
Y me quedo ahí, sin decirlo,
como si el silencio fuera una forma de control que todavía puedo permitirme.
La alucinación del control no aparece como error.
Aparece como coherencia excesiva.
No como ruptura de la mente, sino como su reorganización en un orden que ya no necesita verificación.
No hay delirio.
Solo continuidad demasiado estable de procesos que no se detienen donde deberían.
La habitación de cal no cambia.
Pero la percepción sí.
No de forma abrupta.
De forma acumulativa.
Las paredes no se mueven.
Pero dejan de ser completamente fijas.
Algo en ellas parece esperar una confirmación que nunca llega.
El sistema no se anuncia.
Solo se insinúa en la forma en que la atención deja de saltar entre puntos y empieza a quedarse.
La mente no colapsa.
Se vuelve demasiado consistente.
No hay pensamiento único.
Hay pensamiento que no termina de abandonar su propia formación.
En la periferia del campo visual, las grietas del muro no significan nada concreto.
Solo insisten.
El aire tiene una densidad que no varía, pero se interpreta como variación.
La idea de control no aparece como contenido.
Aparece como forma de lectura.
La sinapsis no se describe.
Se infiere por su repetición.
No hay sistema de neuroquímica visible.
Solo la sospecha de que algo está siendo traducido en otro idioma sin permiso de la conciencia.
El cuerpo no responde.
Tampoco se resiste.
Solo permanece en un intervalo donde ambas cosas serían posibles, pero ninguna se completa.
El pensamiento intenta explicar lo que ocurre.
Pero la explicación ya llega tarde.
La base del cráneo no sostiene una idea.
Solo marca el punto donde la idea deja de expandirse con claridad.
El aire sabe a cal húmeda.
Sin metáfora añadida.
No hay autopsia.
Solo lectura incompleta de un proceso que aún está ocurriendo.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería la base del cráneo es una superficie de alabastro poroso el sabor a cal invade la glotis la inercia pulsátil de la neurona se detiene el registro llega al cero absoluto debería…