No me doy cuenta del momento exacto en que empiezo a mirar la carne así.
Solo sé que ocurre después.
Cuando ya es tarde para distinguir intención de reflejo.
La luz de la habitación está encendida, pero no ilumina nada en particular.
Solo sostiene superficies.
La piel no aparece como cuerpo completo.
Aparece por fragmentos.
Un borde del brazo.
La tensión de una mandíbula que no estaba siendo pensada.
El movimiento mínimo de una respiración que no termina de asentarse.
Sade no está aquí como idea.
Está en el hecho de que ya no puedo ver sin ordenar lo que veo.
Pero ese orden no llega primero.
Llega después del impacto.
Después del microsegundo en que algo en mí ya ha reaccionado.
Me descubro sosteniendo la mirada un instante más de lo necesario.
No hay decisión.
Solo continuidad.
El aire parece más denso cerca de la pantalla, aunque sé que eso no es real.
La distancia no desaparece.
Se reorganiza.
Hay un leve retraso entre lo que veo y lo que entiendo.
Y en ese retraso algo se fija.
No como pensamiento.
Como tensión.
No es deseo claro.
No es rechazo.
Es una forma de atención que no se apaga cuando debería.
El cuerpo está quieto, pero no está en reposo.
Hay una vigilancia que no he decidido.
Y sin embargo está funcionando.
La carne deja de ser algo que observo desde fuera.
Se convierte en algo que me incluye sin pedirme permiso.
No hay teoría aquí.
Solo una secuencia de ajustes pequeños.
Un cambio en la postura.
Una pausa demasiado larga antes de apartar la vista.
Un retorno mínimo a la misma imagen.
Y otra vez.
No como repetición consciente.
Sino como continuidad que no necesita ser justificada.
Sade aparece en ese punto exacto.
No como nombre.
Sino como la imposibilidad de que la mirada vuelva a ser inocente después de haber visto una vez de esta forma.
Y lo inquietante no es lo que se ve.
Es que no hay salida clara de la forma en que se ve.
La imagen no termina.
Solo deja de ser mirable con la misma distancia.
Y en esa reducción de distancia no hay claridad.
Hay espesor.
Algo que no se resuelve mirando menos.
Ni mirando más.
Solo mirando distinto sin saber cómo.
No pienso en Sade cuando ocurre.
Eso es lo primero.
Solo después aparece el nombre, como una especie de explicación que llega tarde y no encaja del todo.
Estoy con el móvil en la mano, pero no lo estoy usando.
La pantalla encendida ilumina los dedos desde abajo.
No hago nada.
Solo lo sostengo.
Y ahí empieza algo.
No es pensamiento todavía.
Es espera sin objeto.
La desconexión digital no se siente como una decisión.
Se siente como un cambio de temperatura.
El dispositivo se apaga.
Pero la habitación no vuelve a estar vacía.
Algo se queda en el mismo sitio donde estaba la señal.
No desaparece.
Se queda sin forma.
Me doy cuenta de algo muy simple:
el cuerpo no entiende el “afuera” como lo entendía antes.
No hay salida clara.
Solo variaciones de densidad.
Hay un segundo en el que dejo el móvil boca abajo.
Sin motivo real.
El sonido del plástico contra la mesa es más fuerte de lo que debería.
No lo vuelvo a mirar.
Pero tampoco lo olvido.
Y eso es lo raro.
Sade aparece después, si aparece.
No como figura.
Más bien como una forma de mirar que no necesita justificarse.
No hay teoría aquí todavía.
Solo una manera de notar que algo ya está retirándose mientras todavía ocurre.
El cuarto está en silencio.
Pero no es silencio limpio.
Es un silencio con restos.
Pequeñas presencias que no terminan de apagarse del todo.
El polvo sobre la mesa parece más visible de lo normal.
No ha cambiado.
Pero ahora está dentro de otra atención.
El cuerpo no está tranquilo.
Tampoco inquieto.
Está en una especie de suspensión sin nombre claro.
Como si algo hubiera dejado de empujar desde fuera.
Y eso no es alivio.
Es otra cosa.
Más difícil de sostener.
No hay sistema todavía.
Solo pequeños desplazamientos.
La forma en la que respiro sin darme cuenta.
La forma en la que dejo la mano quieta demasiado tiempo.
La forma en la que la pantalla apagada sigue presente aunque no emita nada.
En algún momento intento pensar qué es esto.
Pero el pensamiento llega después de la experiencia.
Siempre después.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…