El Código de la Inmovilidad: La Gestión de Cuerpos como Archivos de Cal

Empiezo a sospechar que el momento más importante de la sesión nunca fue la sesión.

Fue el tiempo en que estuve solo.

Porque el dolor termina.

Las instrucciones terminan.

Los ajustes terminan.

Incluso la presencia del Amo termina.

Pero aquello no terminó.

Sigue ocurriendo ahora.

Siete días después.

Probablemente mucho más allá.

Recuerdo perfectamente el instante en que la puerta se cerró.

No porque ocurriera algo extraordinario.

Precisamente porque no ocurrió nada.

El Amo me pidió que permaneciera allí.

Solo.

De rodillas.

Las manos apoyadas sobre las rodillas.

La espalda recta.

La mirada al frente.

Y después desapareció.

Durante unos segundos seguí esperando algún acontecimiento.

Alguna orden.

Algún sonido.

Alguna corrección.

Algo.

Pero no llegó nada.

Solo la habitación.

Y entonces ocurrió algo extraño.

La habitación empezó a adquirir profundidad.

No profundidad física.

Otra clase de profundidad.

Como si cada objeto hubiera estado esperando pacientemente a que el ruido desapareciera para mostrarse.

Recuerdo la puerta.

Recuerdo el marco.

Recuerdo una pequeña irregularidad en la pintura.

Recuerdo el silencio.

Sobre todo recuerdo el silencio.

Porque el silencio parecía tener peso.

No sé cuánto tiempo permanecí allí.

Perdí la capacidad de medirlo.

Cada pocos segundos respiraba un poco más profundo.

Y sonreía.

No sé por qué sonreía.

Eso es una de las cosas que más me inquietan.

No estaba feliz.

No estaba excitado.

No estaba eufórico.

Simplemente sonreía.

Como si alguna parte de mí hubiera encontrado algo que el resto todavía no entendía.

Quería mirar la habitación.

Quería girar la cabeza.

Quería examinar los detalles.

Pero no lo hice.

Permanecí mirando la puerta.

Esperando.

Y la espera empezó a cambiar de forma.

Al principio esperaba que regresara.

Después esperaba escuchar algo.

Después esperaba una señal.

Y finalmente descubrí algo mucho más extraño.

Ya no estaba esperando un acontecimiento.

Estaba esperando una presencia.

La diferencia parece pequeña.

No lo es.

Porque los acontecimientos llegan y terminan.

Las presencias pueden permanecer indefinidamente.

Incluso cuando no están.

Quizá ahí empezó a crecer algo que ahora ocupa demasiado espacio.

Porque cuando el Amo regresó no sentí alivio.

Sentí continuidad.

Como si la espera no hubiera terminado.

Como si simplemente hubiera cambiado de estado.

Y desde entonces parece ocurrir lo mismo.

Han pasado días.

La vida continúa.

Las obligaciones continúan.

Las conversaciones continúan.

Todo sigue funcionando.

Pero algo permanece orientado hacia aquella puerta.

Hacia aquella habitación.

Hacia aquel instante.

No entiendo por qué.

Y cuanto menos lo entiendo, más importante parece.

A veces intento recordar quién era antes de que esto empezara a ocupar tanto espacio.

Y la pregunta no produce respuestas.

Produce más habitaciones.

Más capas.

Más profundidad.

Como si hubiera entrado en un edificio que continúa construyéndose desde dentro.

Y cada vez que creo haber encontrado el centro descubro otro pasillo.

Otra puerta.

Otra sala vacía donde la espera sigue sentada exactamente donde la dejé.

Todavía mirando la puerta.

Todavía respirando un poco más profundo cada pocos segundos.

Todavía sonriendo.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…