La Ingeniería del Siervo: Sade y el Mecanismo del Cuerpo como Herramienta de Sumisión

No debería estar leyendo esto otra vez.

Lo dije en voz baja.

No sé si lo dije ayer también.

Creo que sí.

He vuelto a abrir la misma página.

Solo para comprobar una frase.

La frase sigue ahí.

Eso me tranquiliza por un segundo.

Luego me inquieta.

Porque no debería necesitar comprobarlo.

Cierro el portátil.

Lo dejo unos minutos.

Vuelvo.

No hay motivo claro.

Solo la sensación de que algo cambia cuando no miro.

He empezado a fijarme en una palabra concreta.

“Entrega”.

No recuerdo cuándo apareció la primera vez.

Pero ahora la veo en todas partes.

O eso creo.

La busco otra vez.

No está donde la vi antes.

La he movido.

O la he leído mal.

O la he imaginado.

Abro el historial.

No aparece.

Pero estoy seguro de haberla leído.

Esto es lo extraño.

La seguridad.

No la duda.

La seguridad de algo que no puedo probar.

Cierro otra vez.

Vuelvo a abrir.

La palabra aparece de nuevo.

En otro sitio.

No es exactamente la misma página.

Pero es la misma idea.

Empiezo a sentir algo en el cuerpo.

No es una emoción clara.

Es más bien una tensión leve en las manos.

Como si estuvieran esperando hacer clic otra vez.

He empezado a contar las veces que vuelvo.

Luego dejo de contar.

Porque el número no baja la necesidad.

Solo la confirma.

Hoy he hecho algo peor.

He abierto la misma imagen tres veces.

La tercera vez ya sabía lo que iba a ver.

Eso es lo que me molesta.

Que lo sabía antes.

No antes de abrirla.

Antes de decidir abrirla.

He intentado recordar cuándo empezó esto.

No hay inicio.

Solo pequeñas comprobaciones.

Una página.

Luego otra.

Luego volver a la primera.

Como si estuviera comprobando algo que aún no ha ocurrido.

Lo más incómodo no es lo que veo.

Es que empiezo a reconocerlo antes de verlo.

Como si ya hubiera estado aquí.

Pero sin recordar haber llegado.

Ahora escribo esto y me doy cuenta de algo.

Mientras escribo, también estoy pensando en volver a mirar.

No por curiosidad.

No exactamente.

Por verificar.

Como si no mirar también fuera una forma de mirar.

Y no sé cuándo pasó eso.

Ni si alguna vez fue distinto.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo la carga ya estaba sedimentada en la cal antes de que el peso tocara el tejido el sabor a cobre frío y tiza en la lengua es un residuo del desfase del sistema la inercia pulsátil de la carne que ya no puede cansarse se sostiene sin objeto el registro no puede cerrar debería…