La carpeta ya estaba abierta cuando llegué.
No recuerdo haberla dejado así.
La ventana del sistema mostraba una vista previa de capturas antiguas.
La primera tenía la fecha de hoy.
La segunda también.
La tercera no coincidía con ninguna hora posible.
Volví atrás.
La carpeta seguía abierta.
No había cambiado nada.
Solo que ahora había una cuarta captura.
La habitación era la misma.
La misma luz en el borde de la pared.
La misma taza sobre la mesa.
No la había movido.
O eso pensé.
Porque al acercarme, la sombra debajo de la taza no encajaba con la posición del sol.
Como si alguien la hubiera girado ligeramente mientras no miraba.
No había nadie.
Pero la taza sí.
Abrí una de las capturas.
Mostraba la misma pantalla que estaba viendo.
Dentro de esa captura había una carpeta llamada “temporal”.
La abrí.
Dentro había diecisiete archivos.
La captura seguía abierta en el fondo.
Tardé unos segundos en entender que estaba mirando una captura de la carpeta que estaba viendo en ese momento.
No cerré nada.
Solo seguí bajando.
La secuencia estaba invertida.
Volví a comprobar las fechas.
Después otra vez.
No mejoró.
Había archivos más antiguos dentro de archivos más recientes.
Notas dentro de notas que aún no había escrito.
Una de ellas decía:
“Esto ya ocurrió.”
La primera anomalía no fue el archivo.
Fue la familiaridad.
El gesto de abrir la carpeta.
El movimiento del cursor.
La pausa antes de hacer clic.
Todo encajaba demasiado bien.
Como si ya lo hubiera hecho antes.
Sin recordarlo.
En el historial había una búsqueda repetida.
“temporal”.
Siete veces.
La última entrada era anterior a la primera.
No borré nada.
Seguí bajando.
Encontré una nota en el borde de un documento antiguo.
No estaba firmada.
Solo una línea:
“La siguiente carpeta tampoco te va a parecer nueva.”
No recordaba haberla leído.
Pero tampoco podía decir que la estaba leyendo por primera vez.
El cuello apareció después.
Al principio era solo una instrucción simple.
Tengo que mover el cuello.
Más tarde dejó de ser una orden.
Creo que llevo un rato sin mover el cuello.
Después:
No sé si ya lo moví.
Pero ahora hay algo más.
Una captura reciente.
En la captura aparece el escritorio.
En el escritorio hay una nota abierta.
En la nota se lee:
“Ya lo moviste.”
No hay origen claro.
Solo rastros que no coinciden entre sí.
Como si cada acción hubiera sido registrada antes de ocurrir.
Como si el sistema no recordara el inicio porque el inicio no existe.
Cierro la carpeta.
La vuelvo a abrir.
Ya hay otra versión.
El cuello sigue ahí.
No como gesto.
Como prueba.
No recuerdo haber empezado.
Pero hay demasiadas evidencias de que ya estaba ocurriendo.
La polea ya estaba en tensión cuando la vi.
No recuerdo haberla ajustado.
Las cuerdas no colgaban como antes.
Formaban un ángulo distinto.
Demasiado preciso para ser casual.
Volví a revisar el sistema.
La carga seguía activa.
Pero el indicador mostraba un estado anterior a la activación.
No tenía sentido.
O sí.
Pero todavía no lo sabía.
Había una marca en el suelo.
Circular.
Como si algo hubiera estado apoyado ahí durante mucho tiempo.
No estaba allí ayer.
O no debería.
Me agaché.
El polvo dentro del círculo era más fino.
Como si hubiera sido protegido del resto del aire.
En la interfaz había una carpeta abierta.
Se llamaba “ajustes temporales”.
No la recordaba.
Dentro había tres configuraciones.
La última estaba aplicada ahora mismo.
La primera tenía una fecha futura.
No la cerré.
La cuerda ya había sido usada.
No por desgaste.
Por orden.
Había marcas de tensión repetida en el mismo punto.
Demasiado exactas para ser accidental.
Como si alguien hubiera repetido el mismo ajuste varias veces sin cambiar nada.
Volví al historial.
La polea había sido consultada siete veces.
La última entrada era anterior a la primera.
No borré nada.
Seguí mirando.
Encontré una nota doblada entre dos páginas del manual.
No estaba firmada.
Solo decía:
“La próxima tensión no te va a parecer nueva.”
No recordaba haberla leído.
Pero tampoco podía afirmar que la estaba leyendo por primera vez.
La habitación era la misma.
Pero la distribución no encajaba.
La polea estaba ligeramente desplazada.
Solo unos milímetros.
Suficientes.
Me detuve.
No por duda.
Por reconocimiento.
Como si ya hubiera hecho exactamente ese recorrido antes.
Sin recordarlo.
Entonces apareció el cuello.
No como gesto.
Como corrección.
Tengo que mover el cuello.
Más tarde no era una instrucción.
Era una verificación.
Creo que llevo varios minutos sin mover el cuello.
Después dejó de ser seguro.
No sé si ya lo moví.
En una de las capturas había otra captura dentro.
En esa segunda imagen, la cuerda estaba tensada.
En la primera, no lo estaba.
La fecha de la segunda era anterior.
No había error visible.
Solo orden invertido.
Y entonces la nota final.
Apareció en pantalla sin abrir nada.
Solo una línea:
“Ya ajustaste la polea.”
No hay origen claro.
Solo rastros que se contradicen sin romperse.
Cierro el sistema.
Lo vuelvo a abrir.
La tensión ya es distinta.
Y esta vez el cuello no aparece como orden.
Aparece como prueba.
No recuerdo haber empezado.
Pero todo parece haber empezado antes de que pudiera verlo.
Tengo que mover el cuello…