No recuerdo cuándo apareció la segunda persona.
Eso es lo primero que me preocupa.
No porque sea idéntica.
Porque tengo la sensación de haber corregido la diferencia antes de verla.
La habitación de cal sigue igual.
La silla sigue junto a la pared.
La marca en el yeso sigue a la altura del hombro.
Nada nuevo.
Y sin embargo hay algo de más.
Miro a una.
Luego a la otra.
No encuentro el momento exacto en que dejo de compararlas.
Como si la comparación hubiera terminado antes de empezar.
Durante unos segundos intento localizar una diferencia.
Una cicatriz.
Una tensión en la mandíbula.
Una forma distinta de respirar.
Algo.
No encuentro nada.
Lo extraño no es la semejanza.
Lo extraño es que recuerdo perfectamente una diferencia que ya no puedo señalar.
Como si hubiera desaparecido mientras la buscaba.
Hay una taza sobre la mesa.
Estoy seguro de que hace un momento solo había una.
Ahora hay dos.
No parecen nuevas.
Parecen haber estado siempre ahí.
Esa sensación vuelve.
No la de descubrir algo.
La de haber llegado tarde a una corrección.
Intento recordar cuál de las dos tazas apareció después.
No puedo.
La memoria se comporta como si la pregunta estuviera mal formulada.
Hay una regla que no recuerdo haber aprendido:
cuando algo se repite demasiado bien, deja de parecer una copia y empieza a parecer el original.
No sé cuándo empecé a obedecer esa regla.
Pero ya estoy dentro.
Una de las dos personas gira ligeramente la cabeza.
La otra tarda una fracción de segundo.
O quizá ocurrió al revés.
No estoy seguro.
Lo peor es que mi atención tampoco reacciona al mismo tiempo.
Primero sigue a una.
Después recuerda haber seguido a la otra.
Hay un retraso pequeño.
Casi invisible.
Pero suficiente.
Por primera vez el mecanismo no parece llegar antes que yo.
Parece que yo llego después de él.
Miro la pared.
La marca sigue allí.
O eso creo.
Porque ahora tengo el recuerdo muy preciso de haber visto dos marcas.
No las veo.
Pero recuerdo haberlas visto.
La sensación dura apenas un instante.
Luego desaparece.
Como si alguien hubiera retirado una pieza de la escena antes de que pudiera señalarla.
Pienso en preguntar algo.
No sé qué.
Quizá quién llegó primero.
Quizá cuál de los dos es la copia.
Pero la pregunta se deshace antes de terminar.
La puerta sigue abierta.
Eso debería tranquilizarme.
No lo hace.
Porque por primera vez no estoy seguro de que salir reduzca el número de personas que hay en la habitación.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…