Para el Operador, el problema nunca aparece cuando espera encontrarlo.
Los protocolos contemplan muchas cosas.
Temperatura.
Tiempos.
Resistencia.
Fatiga.
Hay formularios enteros dedicados a fallos previsibles.
Lo extraño es que los errores importantes suelen llegar desde lugares absurdos.
Esta mañana encontré una moneda debajo de una mesa.
No sé cuánto tiempo llevaba allí.
No debería tener ninguna relación con el trabajo.
Sin embargo la guardé en el bolsillo.
Todavía sigue ahí.
Durante años pensé que la autoridad consistía en aumentar la presión con precisión creciente. Más control. Más exactitud. Más capacidad para sostener una estructura compleja sin desviaciones.
Ahora sospecho que parte del oficio consiste en detectar cuándo uno empieza a disfrutar demasiado de su propia eficacia.
Nadie escribe eso en los manuales.
Los manuales prefieren hablar de otra clase de riesgos.
Hay una fotografía torcida en la pared del pasillo.
Lleva meses torcida.
Nadie la endereza.
Cada vez que paso delante de ella me digo que debería corregirla.
Nunca lo hago.
A veces pienso que la fotografía sabe algo que nosotros no.
El sistema funciona.
Las verificaciones son correctas.
Las mediciones son correctas.
La alineación es correcta.
Y sin embargo hay días en los que la perfección produce una sensación desagradable.
Como una habitación demasiado limpia.
Como una sonrisa demasiado estable.
Como una puerta cerrada que debería estar abierta.
No sé exactamente cuándo empieza la soberbia.
Quizá no empiece cuando alguien cree que tiene demasiado poder.
Quizá empiece cuando deja de hacerse preguntas.
Eso sería peor.
Mucho peor.
Porque una persona que se siente invulnerable ya no observa.
Y una persona que deja de observar termina trabajando con recuerdos en lugar de trabajar con realidad.
El informe puede seguir siendo impecable.
Los números pueden seguir siendo impecables.
Incluso el resultado puede parecer impecable.
Pero hay algo inquietante en un sistema donde nadie duda.
La duda consume tiempo.
La duda ralentiza procesos.
La duda resulta incómoda.
Y aun así.
Tal vez sea la única pieza de seguridad que no puede automatizarse.
La moneda continúa en mi bolsillo.
No sé por qué sigo pensando en ella.
No significa nada.
Supongo.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…