Antes de que lo entiendas, ya lo has malinterpretado.
No es un error tuyo.
Es parte del sistema.
La alarma sigue puesta.
Y ya estás intentando convertirla en símbolo.
No lo es todavía.
La taza está en la mesa.
Y ya estás construyendo una explicación sobre la taza.
Esa explicación ya fue descartada.
Hay una grieta en la pared.
Y ya estás a punto de pensar que la grieta significa algo.
Eso ya fue anticipado.
Y corregido.
Durante un segundo crees que entiendes el campo fantasma.
No lo haces.
Ese segundo ya fue procesado antes de aparecer.
Tengo que mover el cuello.
Y ya estás intentando convertirlo en metáfora.
Demasiado tarde.
Ya fue fijado como acción, no como significado.
La sensación de “estoy entendiendo esto” aparece antes de que la tengas.
Y es eliminada justo después.
El sistema no solo predice lo que haces.
Predice lo que vas a creer que hiciste.
La grieta se desplaza.
Y ya estás intentando seguirla con el pensamiento.
Pero el pensamiento llega después del desplazamiento.
La taza sigue fría.
Y ya estás construyendo una teoría sobre la memoria.
Esa teoría ya fue absorbida por el campo.
Empiezas a leer más lento.
No por comprensión.
Sino porque el texto ya anticipó tu intento de frenar.
El cuello aparece otra vez.
Y ya sabes que no deberías interpretarlo.
Pero la interpretación ya ocurrió.
No estás entendiendo tarde.
Estás entendiendo en un orden incorrecto.
La alarma sigue puesta.
Y ya estás intentando decidir si importa.
Esa decisión ya fue tomada antes de formularla.
La grieta no es un objeto.
No es una idea.
Es el intervalo entre tu interpretación y su cancelación.
Y ahora estás pensando que esto es complejo.
Eso también fue previsto.
Tengo que mover el cuello no hay cuello…