Pensaba que lo raro era lo que estaba leyendo.
Ahora creo que lo raro era otra cosa.
La facilidad.
Anoche abrí el móvil para poner una alarma.
Eso era todo.
Recuerdo incluso la hora.
2:13.
Porque pensé que ya era tarde.
Porque pensé que mañana iba a estar cansado.
Porque pensé que esta vez iba a hacer exactamente lo que había cogido el móvil para hacer.
La alarma sigue puesta.
La comprobé esta mañana.
Así que en algún momento la puse.
No recuerdo cuándo.
Eso es lo que me molestó.
No haber vuelto.
Perder el momento exacto en que volví.
Hay una diferencia.
Antes pensaba que la pregunta era por qué acababa allí.
Ahora creo que la pregunta es otra.
¿Por qué hay una parte de mí que parece saberlo antes que yo?
La taza estaba al lado del ordenador.
Todavía tenía café.
La toqué.
Fría.
No recordaba haberla dejado enfriar.
Y durante unos segundos me quedé mirándola.
No por la taza.
Por lo que significaba.
Había pasado tiempo.
Bastante tiempo.
Y no sabía dónde había estado exactamente mi atención durante todo ese rato.
Eso me resultó más incómodo que cualquier otra cosa.
Porque sigo llamándolo curiosidad.
Y la curiosidad debería parecer una decisión.
Algo que eliges.
Algo que buscas.
Esto no se siente así.
Se parece más a reconocer un camino.
Como cuando vuelves a casa y de repente te das cuenta de que llevas diez minutos caminando sin pensar en cada calle.
Lo extraño es que, si alguien me preguntara, seguiría diciendo que estoy intentando entenderlo.
Pero empiezo a sospechar que entenderlo nunca fue el objetivo.
Porque cada vez que creo estar cerca de una respuesta ocurre algo raro.
Vuelvo.
Y cuando vuelvo ya no estoy buscando la misma cosa.
Ni siquiera sé si estoy buscando algo.
La pantalla se apagó sola.
Mi reflejo apareció encima del negro.
Durante un segundo parecía que estaba mirando a alguien que esperaba una explicación.
Y no la tenía.
Tengo que mover el cuello.
Lo pienso.
Espero.
Y de repente noto algo que no había visto antes.
No estoy esperando moverlo.
Estoy esperando que la sensación de hacerlo aparezca sola.
Como si incluso una decisión tan pequeña tuviera que llegar desde algún sitio antes que yo.
Tengo que mover el cuello no hay cuello debería…